Cierre energético del año: meditación guiada para soltar lo viejo 

Cierre energetico del ano. Meditacion guiada para soltar lo viejo

Hay años que se van como una marea que, antes de retirarse, deja conchas, restos, destellos. No se trata de borrar sus huellas, sino de aprender a leerlas: entender qué mareas nos moldearon, qué tormentas nos limpiaron, y qué arenas ya no nos pertenecen. Cerrar un ciclo no es un acto de olvido, sino de alquimia: transformar lo vivido en sabiduría silenciosa. 

Cada fin de año tiene algo de rito antiguo, aunque lo disfracemos con brindis y propósitos nuevos. Es, en el fondo, una ceremonia de liberación. Gratitud y desprendimiento son las dos llaves que abren esa puerta invisible: agradecer lo que fue y soltar lo que, por puro amor, ya no debe ser. 

Preparar el templo interior 

Encuentra tu refugio —quizá un rincón con una vela temblando como pensamiento o una música que respire contigo—. No necesitas más que la voluntad de estar contigo sin máscaras. Si el silencio pesa, déjalo hablar. Si la calma tarda, espera: la paz, como los amaneceres, no se fuerza. 

Ten a mano una libreta, por si alguna verdad decide asomarse entre respiraciones y necesite quedarse escrita. 

Meditación para cerrar el ciclo 

  1. Respira el presente. 
    Cierra los ojos. Inhala tres veces con intención. 
    Imagina que el aire nuevo limpia tus esquinas internas; que el cansancio, al exhalar, se disuelve como humo antiguo. 
  1. Recorre tu propio año. 
    Visualiza los meses como una senda luminosa detrás de ti. 
    Mira lo vivido sin adornos ni juicios: los logros, los tropiezos, las risas que se fueron. Todo te ha traído aquí. Y eso ya es motivo de gratitud. 
  1. Agradece y libera. 
    Repite, suave, casi como un conjuro: 
    “Agradezco lo que aprendí y dejo ir lo que ya cumplió su propósito.” 
    Siente cómo lo innecesario se desprende —miedos, rutinas, incluso apegos que dolían más por costumbre que por amor—. 
  1. Abre los ojos del alma al nuevo ciclo. 
    Frente a ti, imagina una esfera dorada. Es el año que nace, luminoso, aún sin forma, pero lleno de promesas. 
    Acércate sin miedo: la vida, pese a todo, siempre conspira a favor de quienes se atreven a soltar. 
  1. Integra la paz. 
    Quédate en silencio unos instantes. 
    Siente tu cuerpo liviano, la mente despejada, el corazón expandido. Es el respiro después del vendaval. 

Después del cierre 

Escribe lo que nazca: una palabra, una imagen, un deseo. Quizá “Confianza”, quizá “Renacer”. Es tu brújula para el año que llega. Que esa palabra te recuerde que el futuro no es una amenaza, sino una promesa que se construye en calma. 

Epílogo 

Soltar no es perder: es despejar el suelo donde volverá a crecer lo nuevo. 
Cada respiración consciente es una semilla de renovación. 
Honra lo vivido, incluso lo que dolió; de allí brota la expansión. 

Porque la vida, como el fuego, solo brilla cuando se alimenta de lo que ya no sirve. 
Y el universo, testigo paciente, siempre responde con luz a quienes cierran con gratitud y abren con fe. 

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