Colección de oraciones espiritistas

Colección de oraciones espiritistas

En un mundo donde las oraciones suelen repetirse como letanías mecánicas —como si Dios necesitara un código de acceso en lugar de una súplica sincera—, Allan Kardec se atrevió a plantear una propuesta insólita: pensar antes de rezar.

Su Colección de oraciones espiritistas, incluida en El Evangelio según el Espiritismo, no es un simple repertorio de ruegos celestiales. Es un manifiesto de espiritualidad lúcida, un intento de reconciliar el recogimiento con la razón, la fe con el pensamiento crítico. Como quien ofrece un mapa no solo para los caminos del alma, sino también para evitar caer en los baches del fanatismo, Kardec construye una guía de plegarias que no invoca milagros, sino procesos.

Lejos del tono imperativo de los catecismos o del lenguaje ampuloso de algunos rituales, este compendio opta por una sobriedad casi quirúrgica. Cada oración viene acompañada de una reflexión previa, como si antes de hablar con los espíritus uno debiera pasar por la consulta de la conciencia. Hay súplicas para enfermos, para enemigos, para muertos, pero también oraciones de gratitud, arrepentimiento y hasta de protección —como si la espiritualidad fuera un botiquín de primeros auxilios para cada herida del alma.

Pero aquí viene lo paradójico: cuanto más se lee, menos parece un libro de oraciones y más un tratado sobre la condición humana. Bajo la forma de plegaria, lo que realmente se propone es una pedagogía moral, un entrenamiento del carácter frente a los vaivenes de la existencia. No es tanto que Kardec nos enseñe a hablar con los espíritus, sino que nos obliga a escucharnos antes de hacerlo.

En este contexto, orar no es cerrar los ojos, sino abrirlos. Las plegarias no son conjuros mágicos, sino ejercicios de transformación interior, casi como si cada palabra dicha al universo debiera tener una contraparte concreta en nuestros actos. Fe sin obras, sí, pero también sin reflexión, sería, para Kardec, tan inútil como pedirle a la lluvia que nos moje sin mojarnos.

El Espiritismo que aquí se presenta no es una religión alternativa, ni un culto de mesa redonda. Es, más bien, una filosofía espiritual que pone a Dios como horizonte y a la conciencia como brújula. Una propuesta que se atreve a sugerir que los buenos espíritus no están en los altares, sino en los actos. Que rezar no es escapar del mundo, sino comprometerse con él.

En tiempos de ruido devocional y fórmulas listas para consumir —esas que prometen iluminación exprés como si fueran cápsulas de motivación—, esta obra se siente como una rareza: un libro que invita a la espiritualidad sin pedir que dejemos el cerebro en la puerta.

Y eso, créanme, ya es un milagro.

Sinopsis de Colección de oraciones espiritistas

* Este libro tiene un diseño estético optimizado para la lectura *. La principal cualidad de la oración es el ser clara, sencilla y concisa, sin frases inútiles, ni lujo de epítetos pomposos; cada palabra debe tener su objeto, despertar una idea, conmover una fibra, en una palabra, «debe hacer reflexionar»; con esta sola condición la oración puede alcanzar su objeto; no siendo así, «sólo es un murmullo». Las oraciones reunidas en esta colección se han dividido en cinco categorías: 1ª Oraciones generales; 2ª Oraciones para sí mismo; 3ª Oraciones por los vivos; 4ª Oraciones por los muertos; 5ª Oraciones especiales por los enfermos y obsesados. Con el objeto de llamar más particularmente la atención sobre el objeto de cada oración y hacer comprender mejor la idea, van precedidas de una instrucción preliminar, especie de exposición de los motivos, con el titulo de «Prefacio».

Colección de oraciones espiritistas

AutorAllan Kardec
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EditorialFV Editions
Año2018
IdiomaEspañol
EncuadernaciónTapa blanda
Nº de páginas142
ISBN9781726869799

Allan Kardec

Allan Kardec

Allan Kardec, seudónimo de Hyppolyte Leon Denizard Rivail, (Lyon, 3 oct. 1804 –París, 31 mar. 1869). Codificador del espiritismo y pedagogo. Hijo de un abogado, comenzó sus estudios en Lyon, completando su educación en letras, ciencia y medicina en el Instituto Pestalozzi de Yverdon (Suiza).

Poseedor de una inteligencia penetrante y amplio espíritu observación. Rivail captó la simpatía de Pestazzoli, quien lo designó su colaborador. Tenía 19 años cuando comenzó a ocuparse del magnetismo, y más tarde, interesado por el misterio de las mesas giratorias, tomó contacto con el mediumnismo dedicándose desde 1850 de lleno a su estudio.

En 1856, influenciado por unas supuestas comunicaciones de un espíritu que decía ser su guía protector y le reveló que debía cumplir una gran misión, se abocó con gran fervor a la difusión y codificación de la causa espírita.

Adoptó el seudónimo de Allan Kardec (nombre que había llevado en una reencarnación anterior en tiempos de los druidas) y publicó en 1857 Le livre d’esprits, su obra fundamental, que alcanzó enorme difusión y se convirtió en texto básico de la doctrina. Poco antes de morir sentó las bases de una organización que debía continuar su obra. Por su doctrina filosófica, método científico y moral universal, las enseñanzas espíritas de Allan Kardec obtuvieron rápida difusión por todo el mundo, conquistando millones de adherentes.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/libros/autores/allan-kardec-45115

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