El cielo y el infierno

El cielo y el infierno

En 1865, un hombre de modales cartesianos y alma inquieta decidió poner en orden el caos celeste. Se llamaba Allan Kardec, y su El cielo y el infierno no fue tanto un tratado sobre lo sobrenatural como un ajuste de cuentas con los arquitectos del dogma. Si el Paraíso era un club exclusivo para almas puras y el Infierno una caldera sin salida para los que tropezaban, Kardec llegó con algo más radical: un libro y una duda razonable.

Porque ¿qué clase de justicia distribuye castigos eternos por pecados temporales? .¿Qué lógica divina reparte laureles o látigos según criterios que ni el más estoico de los santos logra descifrar?. En su primera mitad, El cielo y el infierno es eso: una demolición serena —pero implacable— del sistema binario que durante siglos dividió al alma humana entre ángeles y demonios como si fuesen fichas en un juego de mesa celestial.

Kardec, que no era ni sacerdote ni médium (aunque terminó pareciéndose a ambos), propuso una alternativa más compleja, y por eso mismo más humana: la evolución del espíritu a través de múltiples vidas. En lugar de un veredicto final dictado por una deidad severa con vocación de carcelero, planteó un proceso educativo. El alma no es condenada: aprende. Y lo hace como aprendemos todos —tropezando, equivocándose, reparando y volviendo a empezar— en una especie de escuela cósmica donde el boletín de calificaciones se llama conciencia.

La segunda parte del libro da un giro inesperado, como esos dramas judiciales que de pronto presentan al testigo sorpresa. Aquí, Kardec se convierte en cronista del más allá. Reúne una colección de testimonios mediúmnicos que parecen salidos de una sala de espera entre mundos: espíritus que sufren, que se redimen, que cuentan su historia como si el Juicio Final se hubiera transformado en un confesionario íntimo. Hay suicidas que no encontraron la paz, criminales que lloran su pasado, pero también almas radiantes que alcanzaron cierta plenitud serena. Y todas ellas hablan. No desde la alegoría, sino desde lo que Kardec presenta como vivencias reales.

Lejos del sermón de púlpito o del manual esotérico, esta sección del libro funciona como una suerte de crónica policial del alma, donde los móviles siempre son morales y las escenas del crimen, interiores. El lector no encuentra aquí sentencias, sino espejos.

Lo notable —y quizás lo más inquietante— es que Kardec no escribe para convencer, sino para sacudir. Su espiritismo no pretende ofrecer respuestas definitivas, sino desactivar los automatismos del pensamiento religioso tradicional. En vez del miedo al castigo, propone la ética del aprendizaje. En lugar de una eternidad congelada en el fuego o la luz, sugiere un viaje dinámico, donde el alma, como un viejo barco maltrecho, puede llegar a buen puerto… si se atreve a navegar.

El cielo y el infierno no es un dogma, es una invitación. A pensar, a sentir, a imaginar un universo donde la justicia no es venganza y la moral no se impone por decreto. Una obra que, a 160 años de su publicación, sigue hablando con una voz sorprendentemente actual: la de quien se atreve a preguntar en un mundo saturado de respuestas.

Sinopsis de El cielo y el infierno

El cielo y el infierno o la justicia divina según el espiritismo, contiene el examen comparado de las doctrinas sobre el transito de la vida corporal a la vida espiritual, las penas y las recompensas futuras, los ángeles y los demonios, las penas eternas, etc. ¿Cuál es el destino del hombre después de la muerte física?. ¿Cuáles serían las causas del temor a la muerte?. ¿Existe el Cielo y el Infierno? .¿Merece crédito la antigua creencia en los ángeles y demonios?. ¿Cómo procede la justicia divina?. Estas y otras cuestiones relacionadas son debidamente esclarecidas, en la primera parte de esta obra, a la luz de la lógica y de las enseñanzas de los espíritus.

El cielo y el infierno

AutorAllan Kardec
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EditorialPlaza Editorial
Año2012
IdiomaEspañol
EncuadernaciónTapa blanda
Nº de páginas326
ISBN9781468189353

Allan Kardec

Allan Kardec

Allan Kardec, seudónimo de Hyppolyte Leon Denizard Rivail, (Lyon, 3 oct. 1804 –París, 31 mar. 1869). Codificador del espiritismo y pedagogo. Hijo de un abogado, comenzó sus estudios en Lyon, completando su educación en letras, ciencia y medicina en el Instituto Pestalozzi de Yverdon (Suiza).

Poseedor de una inteligencia penetrante y amplio espíritu observación. Rivail captó la simpatía de Pestazzoli, quien lo designó su colaborador. Tenía 19 años cuando comenzó a ocuparse del magnetismo, y más tarde, interesado por el misterio de las mesas giratorias, tomó contacto con el mediumnismo dedicándose desde 1850 de lleno a su estudio.

En 1856, influenciado por unas supuestas comunicaciones de un espíritu que decía ser su guía protector y le reveló que debía cumplir una gran misión, se abocó con gran fervor a la difusión y codificación de la causa espírita.

Adoptó el seudónimo de Allan Kardec (nombre que había llevado en una reencarnación anterior en tiempos de los druidas) y publicó en 1857 Le livre d’esprits, su obra fundamental, que alcanzó enorme difusión y se convirtió en texto básico de la doctrina. Poco antes de morir sentó las bases de una organización que debía continuar su obra. Por su doctrina filosófica, método científico y moral universal, las enseñanzas espíritas de Allan Kardec obtuvieron rápida difusión por todo el mundo, conquistando millones de adherentes.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/libros/autores/allan-kardec-45115

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