El libro tibetano de los muertos

El libro tibetano de los muertos

Morirse no es tan sencillo como cerrar los ojos y desaparecer. Al menos no en el budismo tibetano, donde morir es más parecido a cruzar un campo minado de espejismos mentales que a rendirse en paz sobre una cama blanca. Y ahí entra en escena una obra tan antigua como ferozmente actual: El libro tibetano de los muertos, una especie de GPS espiritual para quienes están a punto de dejar este mundo… o ya lo han dejado, con o sin ceremonia.

Atribuido al legendario maestro Padma Sambhava —una figura que se mueve entre el misticismo y la historia con la ligereza de un dios travieso—, este texto no se llama así en su idioma original. Su nombre real es Bardo Thödol, que suena mucho más musical y significa algo así como “liberación por medio de la audición durante el estado intermedio”. Traducido a lenguaje cotidiano: alguien te lee esto mientras te mueres, y si lo escuchas bien, podrías ahorrarte unas cuantas reencarnaciones innecesarias.

Porque sí: el Bardo Thödol no es una lectura de sobremesa ni un poema para calmar los nervios. Es un mapa de los «bardos», esos espacios entre muerte y renacimiento donde la conciencia vaga, confundida, como un turista sin pasaporte en el aeropuerto del samsara. En esos terrenos difusos, la mente proyecta sus propios miedos y anhelos: deidades luminosas, monstruos iracundos, luces que ciegan y sonidos que hielan la médula. Y lo irónico es que todo eso —cada demonio, cada dios, cada explosión de luz— no es más que uno mismo disfrazado. El ego asustado de verse sin cuerpo.

Es aquí donde el budismo vajrayana juega su carta más radical: la realidad no es algo que se contempla, sino algo que se fabrica desde dentro. Somos obreros de nuestras propias alucinaciones. Reconocer esto —dice el texto— es el primer paso hacia la liberación. O dicho de otro modo: escapar del infierno requiere saber que el fuego es una lámpara encendida por la mente.

Ahora bien, llamar a esta obra “manual esotérico” sería como decir que Hamlet es un simple drama familiar. El Bardo Thödol va mucho más allá de lo ritual o lo religioso. Es una meditación sobre lo inevitable (la muerte), lo ilusorio (el yo) y lo asombroso (la conciencia). No enseña solo cómo morir con dignidad, sino cómo vivir sin mentiras. Y eso, en tiempos donde el ego se infla como un colchón de aire cada vez que abrimos Instagram, es casi revolucionario.

Claro, su lenguaje no es fácil. Las metáforas, las repeticiones litúrgicas, las visiones simbólicas pueden sonar ajenas al oído occidental, tan acostumbrado al racionalismo de supermercado. Pero quienes se atreven a atravesar su espesor encuentran una joya filosófica. No por nada Carl Jung vio en él un espejo del inconsciente, y Timothy Leary —más amigo del LSD que del nirvana— lo convirtió en una guía para navegar los estados alterados. Lo que para unos era camino hacia la iluminación, para otros fue una especie de psicodelia mística patrocinada por el Tíbet.

Así, entre la muerte y la lucidez, entre lo simbólico y lo real, el Bardo Thödol sigue hablándonos. A veces susurra, a veces grita. Pero siempre nos recuerda que lo que importa no es solo cómo morimos, sino cuánto hemos despertado antes de hacerlo.

Sinopsis de El libro tibetano de los muertos

El llamado «Libro Tibetano de los Muertos» ha sido reconocido durante siglos como un clásico de la sabiduría budista y del pensamiento religioso. Más recientemente, ha alcanzado gran influencia en el mundo occidental por sus penetraciones psicológicas sobre el proceso de la muerte y del morir, y por lo que puede enseñarnos acerca de nuestras vidas. También ha resultado de ayuda en los procesos de duelo de personas que recientemente han perdido a algún ser querido. Compuesto en el siglo VIII d. de C., su intención es la de preparar al alma para las adversidades y transformaciones del más allá. Su profundo mensaje es que el arte de morir es tan importante como el de vivir. Extraído de las tradiciones espirituales tibetanas, nos muestra los funcionamientos de la mente en sus diversas manifestaciones -aterradoras y tranquilizadoras, iracundas y hermosas-, que aparecen más claramente en la conciencia del difunto. Reconociendo dichas manifestaciones podremos alcanzar el estado de iluminación, tanto en esta existencia como en la venidera. La presente traducción conserva la forma y el espíritu del original, y ha sido especialmente preparada para los lectores occidentales por Robert A. Thurman, uno de los más importantes eruditos sobre el Tíbet, además de estrecho colaborador del Dalai Lama. Su introducción a las creencias budistas, instrucción sobre meditación, comentarios iluminadores y guía para el uso práctico de las plegarias tibetanas, la convierte en la más accesible e informativa de las versiones disponibles en castellano.

El libro tibetano de los muertos

AutorPadma Sambhava
PortadaVer portada
EditorialEditorial Kairós
Año1994
IdiomaEspañol
EncuadernaciónTapa blanda
Nº de páginas368
ISBN9788472453319

Padma Sambhava

Padma Sambhava

Padma Sambhava fue un importante gurú budista, reconocido por llevar el budismo al Tíbet, entre otros lugares. Es el fundador de la escuela tibetana de budismo Nyingma y los tantras internos en el siglo VIII. Es uno de los 84 Mahasiddhas o grandes adeptos del Tíbet, alcanzado el cuerpo del arco iris.

En Bután y Tíbet (donde los discípulos de la escuela Nyingma principalmente, pero también de otras escuelas, y la gente tibetana en general, le reconocen como el segundo Buda) se le conoce más comúnmente como Gurú Rinpoche o Lopon Rinpoche o «el preciado Maestro».

De acuerdo con la tradición, Padma Sambhava se manifestó como un rayo de luz proveniente del corazón de Buda Amitābha, como un niño de ocho años que apareció en una flor de loto sobre el lago Dhanakosha, situado en Oddhiyana, en el valle de Swat, cerca de la actual frontera afgano-pakistaní.

Fue encontrado por el Rey Indrabodhi quien al no tener hijos le adoptó como tal. En una ocasión, durante una danza sagrada realizada frente a la corte, en su delirio dejó escapar o lanzó su tridente ritual (kathvanga) matando en el acto, a la esposa y al hijo nonato de uno de los ministros de su padre. En razón de esto, fue desterrado de la corte, y residió en cementerios utilizando el estilo de un yogui tántrico.

Tras recibir diversas enseñanzas e iniciaciones de las dakinis que residían en los cementerios, encuentra a su primera discípula y consorte, Mandarava, con la quien practicando en la cueva sagrada de Maratika (en el norte de Nepal), desarrolló el poder de transcender el ciclo del nacimiento y la muerte. Su fama llegó hasta Trisong Deutsen (742-797), el 38.º rey del Tíbet, gracias a la sugerencia de Khenpo Bodhisattva, también conocido como el Abad Shantarakshita, para ayudar a controlar a espíritus malignos que se oponían a la construcción del famoso Monasterio de Samye provocando una sequía en Lhassa.

El rey invitó a Padma Sambhava al Tíbet donde usó sus poderes tántricos para dominar a las deidades malignas que encontró por el camino, y finalmente recibió a la esposa del emperador, identificada como la princesa tibetana dakini Yeshe Tsogyal, como discípula y consorte. Esto fue en concordancia con el principio tántrico de no eliminar las fuerzas negativas, sino usarlas para reforzar el viaje hacia el despertar espiritual. Fundó el primer monasterio en Tíbet en Samye, e instruyó a los primeros monjes en el Gran Sello o Mahamudra, e introdujo a la gente laica en la práctica del budismo tántrico (Vajrayana).

En Bután, Padma Sambhava está asociado al famoso monasterio de Taktshang o guarida del tigre, construido en un acantilado unos 500 m. por encima de la superficie del valle de Paro. Él voló hasta allí desde el Tíbet en su forma sutil de Dorje Trollo a espaldas de su consorte, Yeshe Tsogyal, a quien transformó en un tigre volador para el viaje. Después se desplazó al distrito de Bumthang para apaciguar a una poderosa deidad ofendida por un rey local.

Como conexión con los seres en el futuro, Gurú Padma Sambhava ha dejado huellas de su cuerpo en distintos lugares como por ejemplo en la pared de una cueva cercana al templo de Kurje Lhakhang, o la huella impresa de su mano en la roca como si esta hubiese sido derretida como manteca a la entrada de la cueva Asura [1], ubicada en Pharping en las afueras de Katmandú, Nepal. Además, Padma Sambhava también escondió algunos textos-tesoro (Termas) en lagos, cuevas, colinas y bosques de la región del Himalaya y en otros lugares para que fueran encontrados e interpretados por tertones (buscadores de tesoros espirituales) venideros. Padma Sambhava escondió estos diversos textos con el propósito de beneficiar a las generaciones futuras, los "Terma", y fueron revelados por diversos maestros tertones, entre unos pocos están los famosos textos revelados por el tertón Karma Lingpa: Bardo Thödol o mal llamado el Libro tibetano de los muertos, más correctamente: "La Gran liberación en el Bardo por medio de la Escucha". El libro de la liberación natural mediante la sabiduría desnuda.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Padmasambhava#Biograf%C3%ADa_e_historia

Ver todos los libros del autor